Mejoras clave en la nutrición de alfalfa

La alfalfa es una planta forrajera de gran valor agronómico, destacada por su versatilidad y resistencia, lo que la convierte en una opción estratégica para agricultores que buscan maximizar la productividad y sostenibilidad de sus sistemas agrícolas. Argentina, reconocida por la alta calidad y volumen de su producción de alfalfa, ha consolidado su competitividad en el mercado internacional, especialmente en países con grandes industrias ganaderas y lácteas, como China, Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos. Sin embargo, el éxito en estos mercados depende en gran medida de la calidad del producto, lo que exige a productores y exportadores adaptarse a las tendencias globales, optimizar procesos logísticos y mantener estándares elevados en la producción.
La clave para una producción exitosa de alfalfa radica en un manejo agronómico adecuado, comenzando por una planificación cuidadosa que minimice costos y maximice rendimientos. La fertilización desempeña un papel crucial en este proceso, ya que la alfalfa, al ser una leguminosa de altos requerimientos nutricionales, demanda un suministro constante de nutrientes como nitrógeno (N), fósforo (P), azufre (S) y boro (B). En sistemas intensivos, donde la extracción de nutrientes es elevada y los retornos al suelo son limitados, la fertilización se vuelve indispensable. Cada tonelada de materia seca de alfalfa extrae aproximadamente 25-30 kg de N, 18-25 kg de potasio (K), 12 kg de calcio (Ca), 3 kg de P y 4-8 kg de azufre (S) y magnesio (Mg) por hectárea.
Existen tres enfoques principales para la fertilización de la alfalfa: orgánica, al suelo y foliar.
En la orgánica aplicamos materia de origen vegetal, como el compost o humus de lombriz o estiércol de ganado.
En el caso de la fertilización al suelo, es la que realizamos al momento de instalar la alfalfa y se busca un rápido establecimiento, es clave estimular el desarrollo radicular con nutrición desde la semilla. Una recomendación es inocular las semillas y potenciarlas con tratamientos vivificantes. Estas herramientas permiten lograr un cultivo vigoroso desde el inicio, con un buen desarrollo radicular, con el objetivo de alcanzar un efectivo desarrollo de las raíces que permita maximizar la obtención de agua y nutrientes, resulta clave teniendo en cuenta que las pérdidas por estrés abiótico pueden llegar al orden del 70%. Además de permitir un buen anclaje del terreno, especialmente si se trata de un campo de pastoreo donde las plantas deben tolerar el daño mecánico ocasionado por el peso de los animales. Mientras que para campos en plena producción los nutrientes se aportan a través del abonamiento para sostener un buen nivel productivo, así como garantizar la fertilidad del suelo.
El tercer tipo de fertilización es la foliar, en este caso se aportan micronutrientes (fósforo, potasio) o macronutrientes (calcio, magnesio, zinc) que no se encuentran en el suelo de manera localizada en el momento que la planta lo necesite, y bioestimulantes que le permitan superar situaciones de estrés o estimular el desarrollo en distintas épocas del año. La práctica de fertilización foliar, como complemento de la fertilización de base, resulta beneficiosa para potenciar la producción de biomasa aérea y la calidad del forraje, demostrando ser una herramienta que puede tener un impacto significativo en la productividad de las pasturas. Esta práctica se está sosteniendo cada vez más por los productores, porque integrada a otras prácticas agronómicas, se orienta a la corrección de deficiencias nutricionales, favoreciendo el desarrollo de los cultivos y mejorando el rendimiento y la calidad del producto. No es una práctica que sustituya la fertilización tradicional, sino que representa un respaldo para optimizar y satisfacer los requerimientos de nutrientes de un cultivo que no pueden abastecerse mediante la fertilización del suelo. Ofreciendo al cultivo los nutrientes necesarios en estados críticos, cuando la demanda nutricional es alta.
Ante estos requerimientos nutricionales, desde la firma Kioshi se presentan dos grandes productos para cada etapa de fertilización del cultivo.
Importancia de los vivificantes de semilla
En este contexto, productos como MIST-VL®, desarrollado por Kioshi Stone, ofrece soluciones innovadoras para la fertilización. Este vivificante de semillas líquido está recomendado para leguminosas, compuesto por nanopartículas minerales de azufre, calcio, silicio, molibdeno, manganeso, boro y cobalto. Ofrece a la semilla los nutrientes y las condiciones necesarias para que comience y aumente la cantidad de nódulos, favoreciendo la interacción de estos con el suelo. Entre sus efectos benéficos se encuentran la rápida asimilación del Calcio, el cual mejora el transporte del resto de los nutrientes; un efecto regulador del pH y la saturación de bases localmente; un aporte de Azufre y Calcio de rápida disponibilidad, y la formación de un ambiente que permita la máxima expresión del poder germinativo y desarrollo de la plántula. Gracias a su formulación con nanotecnologías, manifiesta un incremento en la producción, además de favorecer el confort de otros organismos fijadores y solubilizadores presentes en el suelo.
Fertilización foliar como herramienta eficiente
Los fertilizantes de emulsión líquida con nanominerales de alta pureza presentan ventajas significativas, destacándose por su eficiencia y efectividad. Una de sus principales características es la posibilidad de aplicarse en dosis muy reducidas, lo que no solo disminuye los costos operativos, sino que también acelera la velocidad de reacción en el cultivo. Además, su acción es más prolongada en comparación con los fertilizantes tradicionales, lo que contribuye a un manejo más sencillo y eficiente del cultivo.
La combinación de beneficios de la fertilización foliar con nanotecnología aplicada —menor dosificación, rápida absorción y efecto duradero— los convierte en una herramienta clave para optimizar la productividad y rentabilidad en sistemas agrícolas.
Las ventajas operativas de este tipo de fertilizantes:
• No depender de una alta humedad en el suelo,
• La posibilidad de optimizar costos, aplicándolos junto con tratamientos de herbicidas, fungicidas o insecticidas,
• Ahorro importante en logística y transporte.

MIST-Prado®, es fertilizante foliar complejo, líquido, formulado a base de nanopartículas especialmente formulada para nutrir pasturas, tiene una adecuada concentración en nutrientes principales, secundarios y micros que son esenciales para el crecimiento y desarrollo de estructuras radiculares como son el Calcio, Magnesio, Azufre, Nitrógeno, Fósforo y Silicio. Gracias a su formulación con nanopartículas, se recomienda en una muy baja dosis de aplicación, del orden de 1,5 a 2 litros de fertilizante por hectárea/año.
MIST-Prado® viene en presentación Bag in Box de 15 litros, que permite armar un pallet estándar de 56 unidades (840 litros), fácilmente transportable en camioneta y cuyo rendimiento permitirá cubrir hasta 420 hectáreas.

Resultados a campo.
El INTA Manfredi llevó adelante un ensayo de evaluación de rendimiento en el cultivo de alfalfa en respuesta a la aplicación de MIST-PRD, el mismo se llevó a cabo sobre una alfalfa grupo 9, variedad Traful PV INTA Palo Verde, implantado en el mes de marzo del 2021 en un lote de 10 ha correspondiente a la Unidad Experimental Demostrativa de Heno de Calidad de la EEA INTA Manfredi.
Como parte de los resultados, se evidenció que la producción de biomasa aérea acumulada del periodo de evaluación fue un 16% mayor para el tratamiento con la fertilización foliar vs el testigo no tratado en el primer año de producción. En promedio MIST-Prado® alcanzó 24000 kg MS/ha mientras que el Testigo 20500 kg MS/ha.
En cuanto a la evaluación por corte, se evidencia que MIST-Prado® logró mayor producción en los cortes tres, cinco y siete, con un promedio de 30% más, mientras que, en los cortes cuatro y seis el rendimiento fue similar.

La misma evaluación llevada a cabo en el segundo año evidencio un incremento en la producción de MS/ha del 8% mayor para el tratamiento con fertilización foliar frente al testigo, dejando un promedio de 12% de MS/ha entre los dos años consecutivos.
En el caso de la producción de biomasa por corte fue posible observar un incremento en los cortes tres y ocho, arrojando un promedio del 33% superior.
Se concluye que en el primer ciclo productivo el incremento logrado con MIST-Prado® podría deberse al menor desarrollo radicular y en consecuencia a una menor capacidad de exploración a mayor profundidad. En cambio, los resultados obtenidos en el segundo año de producción se pudo ver un incremento significativo luego de la aplicación de MIST-Prado® con una pastura ya implantada.
En resumen, la combinación de prácticas agronómicas adecuadas, como la fertilización balanceada y el uso de tecnologías innovadoras, es esencial para optimizar la producción de alfalfa y mantener su competitividad en el mercado internacional.