Del estrés al crecimiento: estimulando la recuperación de la soja

La fitotoxicidad puede frenar el crecimiento inicial de la soja. En un ensayo en invernadero, los tratamientos con HOGO sobre plantas expuestas a sulfentrazone registraron más biomasa y área foliar que aquellos que recibieron solo el herbicida. Su formulación combina aminoácidos, péptidos y otros compuestos bioactivos que acompañan la respuesta del cultivo frente al estrés.
La soja emerge, pero algo en el lote llama la atención: los cotiledones muestran manchas, los márgenes de las hojas empiezan a necrosarse y el crecimiento parece frenarse. El primer paso es identificar qué ocurrió. Cuando el origen es una fitotoxicidad, la posibilidad de recuperación dependerá de la intensidad del daño, del estado del cultivo y de las condiciones que encuentre en los días siguientes.
Entre las herramientas que pueden ayudar a sostener esa recuperación están los bioestimulantes. Un ensayo en invernadero evaluó uno de ellos, HOGO, en plantas de soja tratadas con sulfentrazone en preemergencia. Los resultados mostraron aumentos significativos de biomasa y área foliar en los tratamientos que combinaron el herbicida con el bioestimulante. Para entender qué significa esa respuesta, conviene empezar por el modo en que el sulfentrazone actúa sobre la planta.
Cuando el control de malezas alcanza al cultivo
El sulfentrazone es un herbicida residual que se aplica al suelo para controlar malezas durante las primeras etapas del cultivo. En preemergencia, la humedad contribuye a que el producto quede disponible en la solución del suelo y pueda ser absorbido por las plantas en germinación.
Su acción se basa en inhibir la enzima protoporfirinógeno oxidasa, conocida como PPO. Esa inhibición desencadena procesos oxidativos que dañan las membranas celulares y pueden terminar en necrosis y muerte de los tejidos susceptibles. En soja, los síntomas de los inhibidores de PPO aplicados en preemergencia pueden incluir necrosis en los cotiledones y en los márgenes de las hojas. Si el contacto afecta el hipocótilo durante la emergencia, también puede comprometer el establecimiento de la planta.
La respuesta no depende solo del producto. El pH, la textura y el contenido de materia orgánica modifican cuánto sulfentrazone queda disponible en el suelo; también influyen la humedad y el momento de aplicación respecto de la emergencia. Por eso, la planificación debe considerar las características del lote y las indicaciones de uso de cada formulación.
Un estudio argentino reciente observó que tratamientos preemergentes que incluían sulfentrazone produjeron clorosis leve y reducción de biomasa hasta V4. Sus autores señalaron que las condiciones del suelo, la humedad y la cercanía de la aplicación a la emergencia pudieron influir en la respuesta. La fitotoxicidad, entonces, puede aparecer con distinta intensidad y no siempre tiene el mismo efecto sobre el desarrollo posterior.

La recuperación empieza en los tejidos que siguen viables
Después del daño, la planta necesita mantener sus defensas y reparar tejidos al mismo tiempo que intenta continuar creciendo. Si el punto de crecimiento permanece viable, puede emitir hojas nuevas y retomar su desarrollo. La recuperación, sin embargo, requiere recursos: el cultivo debe sostener su metabolismo en un momento en que el estrés puede haber limitado su crecimiento.
Cuando una planta sufre estrés, necesita energía para protegerse y reparar los tejidos afectados. Los aminoácidos y péptidos pueden ayudarla en ese proceso: participan en el aprovechamiento del nitrógeno y en mecanismos de defensa que reducen el impacto del estrés. En soja, se observaron cambios en algunas de esas defensas tras aplicar aminoácidos, aunque la respuesta varía según el producto y las condiciones del cultivo.
Cada compuesto cumple una función distinta. Algunos ayudan a la planta a manejar el agua y otros participan en procesos vinculados con el crecimiento y la formación de nuevos tejidos. Los péptidos, además, pueden aportar aminoácidos o actuar como señales. En conjunto, estos componentes pueden acompañar la recuperación del cultivo y sostener su desarrollo.

Una formulación pensada para acompañar el estrés
Sobre esa base, Kioshi Stone desarrolló HOGO, un bioestimulante líquido elaborado mediante la tecnología UnlockerBioEssence: microorganismos seleccionados (hongos, levaduras y bacterias) transforman sustratos vegetales mediante hidrólisis microbiana.. El producto reúne aminoácidos, péptidos, polifenoles, isoflavonas, fitoesteroles y otros compuestos fenólicos.
Entre los aminoácidos se encuentran ácido glutámico y glutamina (23 %), alanina (10,3 %), arginina (7,9 %), fenilalanina (7,2 %), prolina (4,6 %) y triptófano (2,1 %), entre otros. La formulación busca promover el desarrollo radicular y vegetativo, mejorar la absorción de nutrientes y contribuir a una mayor tolerancia frente a factores de estrés, como sequía, heladas, altas temperaturas, salinidad y productos fitosanitarios. También incorpora tecnología de nanoparticulado orientada a mejorar la biodisponibilidad.
En un cultivo afectado por fitotoxicidad, el objetivo es acompañar el funcionamiento de los tejidos que siguen viables y favorecer la continuidad del crecimiento. La bioestimulación puede integrarse al manejo como una herramienta de apoyo, junto con el diagnóstico del daño y la evaluación del estado del lote.
Qué respuesta mostró el ensayo en soja
El ensayo se realizó en invernadero, con cinco tratamientos y siete repeticiones. El sulfentrazone se aplicó al sustrato en preemergencia, a dosis de 0,8 y 1,2 L/ha. HOGO se aplicó por vía foliar a 0,5 L/ha, diez días después de la emergencia, en V1. Las plantas se cosecharon 21 días más tarde para medir biomasa aérea fresca, biomasa seca y área foliar.
La respuesta más marcada apareció en la biomasa. Los tratamientos con sulfentrazone más HOGO alcanzaron 8,59 y 9,19 g de biomasa fresca, frente a 3,78 y 3,96 g en los tratamientos con sulfentrazone solo. En biomasa seca, registraron 1,69 y 1,87 g, mientras que los tratamientos con herbicida solo alcanzaron 0,83 y 0,91 g. Las diferencias entre los tratamientos combinados y los tratamientos con sulfentrazone fueron estadísticamente significativas.

La biomasa seca de los tratamientos con HOGO superó al testigo en 40,8 % para la dosis de 0,8 L/ha de sulfentrazone y en 55,8 % para la dosis de 1,2 L/ha. El área foliar también aumentó: el tratamiento con 0,8 L/ha de sulfentrazone más HOGO llegó a 309,16 cm², un 43,7 % por encima del testigo, con diferencia significativa. En conjunto, el análisis estadístico detectó diferencias entre tratamientos para las tres variables evaluadas (p < 0,0001).

En las condiciones controladas del ensayo, la incorporación de HOGO estuvo asociada con más biomasa y área foliar en plantas tratadas con sulfentrazone. Esa respuesta respalda su potencial para acompañar la recuperación vegetativa de la soja frente al estrés evaluado.
Relación biomasa/rendimiento
La biomasa es la materia seca que la soja produce a lo largo del ciclo. Cuando el cultivo desarrolla más hojas y mantiene una canopia activa, puede interceptar más radiación y generar los azúcares que luego sostienen la formación y el llenado de los granos. En soja, la biomasa acumulada entre R3 y R6 se relaciona con el número de semillas que llega a establecerse. El rendimiento final también depende del índice de cosecha, es decir, de qué proporción de la biomasa total se destina a los granos. Por eso, la disponibilidad de agua y nutrientes y la ausencia de estrés durante las etapas reproductivas influyen en cuánto de ese crecimiento se convierte en rendimiento.