
En los planteos de maíz de segunda, el nitrógeno define gran parte del rinde final. Comprender sus funciones, sincronizar la oferta con la demanda del cultivo y reforzar la nutrición en momentos críticos como V6 y VT permite cerrar brechas productivas. Estrategias con nitrógeno foliar de alta disponibilidad muestran resultados concretos a campo.
El maíz de segunda se consolidó en Argentina como una alternativa estratégica dentro de los sistemas productivos. Lejos de ser un cultivo marginal, hoy cumple un rol clave en la diversificación de rotaciones, la estabilidad de márgenes y la captura de rendimiento en ambientes con mayores restricciones hídricas o térmicas. En este contexto, el nitrógeno (N) es el nutriente que más condiciona el resultado final, tanto por su impacto directo sobre el crecimiento y la fisiología del cultivo como por su fuerte interacción con el ambiente y el manejo.
El nitrógeno como motor del crecimiento y del rendimiento
El maíz presenta una relación directa entre disponibilidad de nitrógeno y producción de biomasa, área foliar activa y eficiencia fotosintética. El N forma parte de la clorofila, de enzimas clave y de las proteínas estructurales de la planta, por lo que define el tamaño del “motor” del cultivo y su capacidad de transformar radiación y agua en materia seca y grano. En maíz de segunda, este rol se intensifica por la influencia del cultivo antecesor, la presencia de rastrojos con alta relación carbono/nitrógeno y la mayor variabilidad climática del período estival.
El impacto del nitrógeno sobre el rendimiento del maíz se explica principalmente por su influencia sobre tres procesos clave. En primer lugar, la expansión y la duración del área foliar, que determinan cuánta radiación intercepta el cultivo y durante cuánto tiempo. En segundo término, la definición del número de granos, proceso que ocurre en el período previo y cercano a floración. Finalmente, el llenado de los granos, que depende de la capacidad fotosintética del cultivo durante las etapas reproductivas. Cuando el nitrógeno es limitante, estos procesos se ven afectados y el rinde final se reduce de manera directa.

Momentos de mayor demanda de nitrógeno en maíz
Uno de los aspectos centrales del manejo del nitrógeno es comprender su dinámica temporal. La demanda del cultivo se incrementa de forma marcada a partir de V5–V6 y alcanza su máximo alrededor de floración. Una porción muy importante del nitrógeno total se absorbe en un período relativamente corto, coincidente con la etapa de rápido crecimiento vegetativo. Por este motivo, los esquemas de fertilización que no logran sincronizar la oferta con esta ventana crítica suelen mostrar pérdidas de eficiencia y mayores brechas de rendimiento.
En planteos de maíz de segunda, la necesidad de sincronización del nitrógeno se vuelve aún más crítica. La mineralización del N del suelo puede ser elevada en campañas cálidas y húmedas, pero también aumenta el riesgo de pérdidas por lixiviación o volatilización. A su vez, la descomposición de rastrojos con alta relación carbono/nitrógeno puede generar inmovilización temporaria, provocando deficiencias tempranas aun en suelos con buen nivel inicial. Frente a este escenario, el fraccionamiento y los ajustes en estadios tempranos se transforman en herramientas clave para sostener el rendimiento.
Las aplicaciones complementarias de nitrógeno en estadios tempranos, especialmente en V5–V6, permiten corregir el estado nutricional del cultivo cuando todavía está definiendo su estructura y su capacidad de interceptar radiación.

En este contexto, las aplicaciones foliares de nitrógeno se posicionan como una herramienta de ajuste fino. La vía foliar permite reforzar la nutrición en momentos críticos, especialmente cuando existen limitantes transitorias en la absorción radicular. Las formulaciones nano particuladas de alta pureza y disponibilidad buscan maximizar la eficiencia de absorción y asimilación del nutriente, reduciendo pérdidas y potenciando la respuesta del cultivo. Productos como MIST N se integran a esta lógica, reforzando el estado nutricional del maíz en V6 y VT, cuando se define gran parte del potencial productivo.
Resultados a campo: validación del manejo nutricional
La integración de estos conceptos encuentra un respaldo claro en los resultados del ensayo realizado durante la campaña 2023/24 en la localidad de Rojas, provincia de Buenos Aires. El estudio mostró diferencias altamente significativas en rendimiento entre tratamientos, mientras que variables como implantación, stand final y componentes de rendimiento no presentaron diferencias estadísticas, indicando que las brechas observadas se explican por la eficiencia nutricional del cultivo.
El tratamiento con manejo tradicional, basado en MAP a la siembra y urea al suelo, alcanzó un rendimiento promedio de 8.481 kg/ha, lo que representó una mejora del 40 % respecto del testigo. Este resultado confirma el impacto positivo de una correcta provisión de nitrógeno y fósforo en maíz.
Un resultado especialmente relevante fue el del tratamiento que combinó B-Phos a la siembra con una aplicación foliar de MIST N en VT. Este esquema logró 8.465 kg/ha, un rendimiento estadísticamente equivalente al manejo tradicional, demostrando que una estrategia basada en fósforo de alta disponibilidad y nitrógeno foliar aplicado en el momento de máxima demanda puede sostener altos niveles de productividad con un manejo más preciso.

El mayor rendimiento del ensayo se obtuvo con el tratamiento que integró B-Phos a la siembra, urea al suelo y dos aplicaciones foliares de MIST N en V4 y VT. Este manejo alcanzó 9.115 kg/ha, superando en más del 50 % al testigo y posicionándose como el esquema de mayor productividad, además de mostrar un mejor estado nutricional durante el período crítico del cultivo.
Conclusiones: nitrógeno a tiempo para cerrar brechas de rendimiento
La evidencia técnica y los resultados a campo confirman que el manejo del nitrógeno en maíz de segunda no debe centrarse únicamente en la dosis total, sino en la correcta combinación entre fuente, momento y forma de aplicación. La integración de fósforo eficiente desde la siembra con refuerzos estratégicos de nitrógeno, especialmente vía foliar en V4 y VT, permite maximizar la eficiencia del nutriente y transformar ese manejo en más kilos finales. En sistemas productivos cada vez más exigentes, la nutrición precisa se consolida como una de las herramientas más sólidas para cerrar brechas de rendimiento y sostener la competitividad del maíz argentino.